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El pozo
 
 
Mi alma es como un pozo de agua sorda y profunda
en cuya paz solemne e imperturbable ruedan
los días, apagando sus rumores mundanos
en la quietud que cuajan las oquedades muertas.
 
Abajo el agua pone su claror de agonía:
irisación morbosa que en las sombras fermenta;
linfas que se coagulan en largos limos negros
y exhalan esta exangüe y azul fosforescencia.
 
Mi alma es como un pozo. El paisaje dormido
turbiante en el agua se forma y se dispersa,
y abajo, en lo más hondo, hace tal vez mil años,
una rana misántropa y agazapada sueña.
 
A veces al influjo lejano de la luna
el pozo adquiere un vago prestigio de leyenda;
se oye el cró-cró profundo de la rana en el agua,
y un remoto sentido de eternidad lo llena.

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