El farol lejano...
 
 
Pesa una brujería sobre el farol lejano,
que agachado en la sombra finge un coágulo rojo,
cuando entre la parálisis el silencio inhermano
pega contra la noche la audacia de su ojo...
 
Corre un gato barcino perfumado de azufre
hechizado la fresca covacha de un establo;
el farol se hace débil como un alma que sufre
y en su luz enfermada prende un pitillo el diablo.
 
Don Juan limpia el estoque; Quijano el iracundo
avanza, y en su lanza la pelota del mundo...
una taberna grita; pasa un borracho; un coche;
 
mientras el farol vibra, trágicamente serio,
como si fuera el ígneo corazón del Misterio
en la pechuga negra del ave de la Noche.

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